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NACIÓ:
1897
MURIÓ:
1994
Felisa
Rincón de Gautier, mejor conocida como doña Fela, fue la primera mujer
en ocupar la alcaldía de una ciudad importante del hemisferio
Occidental. Sirvió como Alcaldesa de San Juan por espacio de 22 años,
de 1946 a 1968. Fue pionera del movimiento en pro de los derechos políticos
de la mujer, en establecer programas de cuidado diurno para niños de
edad preescolar y en establecer los primeros centros de asistencia legal
y médica para indigentes. Líder y figura ejemplar para los
hispanoamericanos, sirvió también como Embajadora de Buena Voluntad
bajo cuatro presidentes norteamericanos. Es una de las figuras
puertorriqueñas más prominentes de nuestra historia política
capitalina.
Con la fuerza de su imaginación, iniciativa y perseverancia, doña
Felisa fue una de las primeras mujeres en votar en Puerto Rico y en
ocupar una posición de liderato dentro de un partido político en los años
30 y en ser nombrada a un cargo importante en el servicio público en la
década del 1940. Rompió con barreras sexistas tradicionales al ser
nombrada Alcaldesa de San Juan en el 1946, posición que ocupó con
abrumador apoyo del pueblo hasta enero de 1969. Fue servidora pública
ejemplar, abriendo camino a cientos de otras mujeres para la participación
en el proceso político. Laboró incansablemente para promover la
participación electoral de los hispanos residentes en los Estados
Unidos, trabajando activamente en campaña presidenciales,
congresionales y municipales desde el 1936.
Doña Felisa nació en el pueblo de Ceiba, Puerto Rico, el 9 de enero de
1897, hija de Enrique Rincón, abogado, y de Rita Marrero, maestra. La
mayor en una familia de nueve hijos, a la temprana edad de 12 años se
hizo cargo de sus hermanos al morir su madre.
Estudió en escuelas públicas de Fajardo, Humacao y Santurce, donde
completó el tercer año de escuela superior. Respondiendo a su interés
en la medicina y la farmacopea, se convirtió en farmacéutica práctica.
Siendo ya Doña Felisa una talentosa costurera, su interés en proveer
fuentes de trabajo a los desempleados en Puerto Rico le llevó a viajar
a Nueva York para aprender cómo operar una fábrica de trajes y dominar
el arte del diseño de alta costura. Con el tiempo abrió una tienda de
ropa muy exitosa "Felisa's Style Shop" - y más adelante, una
floristería. Su interés primordial, sin embargo, fue siempre el ayudar
y servir a la gente.
Creció en un hogar donde era común la tertulia de temas políticos e
internacionales entre su padre y algunos de los grandes líderes
del Puerto Rico de entonces. Cuando las mujeres adquirieron el derecho
al voto en Puerto Rico en el año 1932, doña Felisa no sólo fue la
quinta en registrarse, sino que también fue nombrada representante
oficial del Partido Liberal por su presidente, Antonio R. Barceló. Dos
semanas más tarde fue nombrada miembro del Comité Ejecutivo de ese
partido.
Como militante del Partido Liberal, Felisa Rincón se dedicó a
llevar el mensaje de reforma de su partido a los pobres, concentrando
sus esfuerzos en los peores arrabales de Puerto Rico. Luego de ser
derrotado el Partido Liberal en las elecciones de 1936, ella se unió a
Luis Muñoz Marín en el 1938 para ayudar a formar un nuevo partido, el
Partido Popular Democrático (PPD). Doña Felisa se convirtió en la
Presidenta del Comité de San Juan del PPD y en el 1944, el liderato del
partido le pidió que se postulara para Alcaldesa, de igual manera que
los líderes del Partido liberal le solicitaran que aspirara al Senado
en 1936. En 1946, en desafío a las tradiciones que formaban parte de su
crianza, aceptó su nombramiento como Alcaldesa de San Juan, completando
el término de Roberto Sánchez Vilella.
Durante sus 22 años como Alcaldesa, San Juan aumentó su población de
180,000 a 450,000 habitantes, convirtiéndose en el centro financiero y
turístico del Caribe. Bajo el liderato de Doña Felisa, San Juan se
transformó en una de las ciudades más hermosas del hemisferio.
Trabajando en estrecha colaboración con su buen amigo y líder político,
Luis Muñoz Marín, contribuyó significativamente a la enorme tarea de
reconstruir la infraestructura económica de Puerto Rico, una obra que
transformó al país, de uno de los más pobres del Hemisferio
Occidental, en uno de los de mayor progreso.
Durante su incumbencia, la prioridad de doña Felisa fue el bienestar
del pueblo, sobre todo los pobres y los desvalidos. Bajo su administración
se lograron grandes proyectos y programas piloto. Doña Felisa organizó
los primeros centros de cuidado preescolar del Hemisferio, las
"Escuelas Maternales", que más tarde sirvieron de modelo para
el programa "Head Start" de los EE.UU. en la década de los
60. Instituyó centros clínicos de diagnóstico en los barrios de la
capital. Renovó el complejo del Hospital Municipal de San Juan y mejoró
los servicios a pacientes ambulatorios del mismo. El Hospital Municipal
de San Juan fue el primero en la isla en recibir acreditación completa
de la "American Hospital Association" en 1948. Esto hizo
posible que se estableciera la Escuela de Medicina en 1950. Doña Felisa
también estableció los primeros centros municipales para el cuido de
envejecientes y los primeros centros de asistencia legal para dar
servicio a personas de escasos recursos. En 1959, el ejemplar liderato
de Doña Felisa en el área de técnicas de conservación logró que se
otorgara a San Juan el "All American City Award".
Bajo la administración de Doña
Felisa, el pueblo siempre tuvo acceso a la alcaldía. Sus ya famosas
audiencias de los miércoles permitían que cada ciudadano se sintiera
confiado que la Alcaldesa trataría por todos los medios de resolver los
problemas que le trajeran a su atención. En las Navidades, la Alcaldesa
distribuía regalos a miles de familias necesitadas. También ayudó a
organizar equipos juveniles de pelota, proveyéndoles uniformes y el
equipo necesario, además de habilitar terrenos que sirvieran parques de
pelota para los niños de los barrios. Sus esfuerzos ayudaron a la
formación de equipos de Pequeñas Ligas a través de todo San Juan. Con
recursos limitados, pero con un compromiso total de proveer lo mejor su
pueblo, la administración de Doña Felisa logró avances
extraordinarios en las áreas de bienestar público, obras públicas y
en expandir las oportunidades educativas y culturales.
El éxito de la Alcaldesa no se limitó solamente a Puerto Rico o a los
Estados Unidos. Cuatro presidentes norteamericanos solicitaron a Doña
Felisa que fungiera como Embajadora de Buena Voluntad en países de
Latinoamérica, Asia y Europa. Su labor en Latinoamérica es quizás uno
de sus mayores legados pues muy pocos han promovido como ella la
compenetración y la amistad entre los pueblos latinoamericanos y los
Estados Unidos. Se destacó por ser una ardua defensora de la democracia
y la justicia social en este hemisferio por más de medio siglo.
Doña Felisa recibió numerosos galardones, condecoraciones y grados
honorarios por parte de gobiernos municipales y estatales, incluyendo
reconocimientos de los gobiernos de Francia (Medalla de Juana de Arco);
España (Medalla de Oro de Honor, Medalla Don Quijote y Medalla Isabel
La Católica); (Medalla Simón Bolívar); Israel (Premio de la Orden del
Mérito) y Ecuador (Medalla de Oro de Honor), entre otros. En 1954, Doña
Felisa fue reconocida como "Mujer de las Américas" por la Unión
de Mujeres Americanas de Nueva York por todas sus aportaciones en el
hemisferio Occidental. En 1958, el Cardenal Francis Spellman de la
Catedral de San Patricio en Nueva York le confirió la "Medalla del
Sagrado Sepulcro de Jerusalén". En 1961, Eleanor Roosevelt le
entregó el "Premio Filantrópico Hebreo". Todos estos honores
que trascienden barreras políticas y geográficas reconocen que Doña
Felisa es ejemplo de las aspiraciones altas que cualquier persona pueda
tener.
Aún a sus 95 años, no dejaba de promover las causas meritorias
que han sido motivo del trabajo de su vida. Su integridad, su devoción
al deber, su dedicación al mejoramiento de oportunidades para los menos
afortunados de la sociedad, y su amor y comprensión hacia la gente, son
cualidades que le ganaron el título de uno de los servidores públicos
más destacados de su tiempo. Era clara su devoción por su país y por
el fomento de los valores de la democracia en el extranjero.
Doña Felisa Rincón de Gautier murió el 16 de septiembre de 1994 en el
Hogar Nuestra Señora de la Providencia en Puerta de Tierra. Llevada a
la Funeraria Ehret donde fue puesta en Capilla hasta el 18 de septiembre
y en donde se ofreció una Misa por el Padre Juan José Santiago. Luego
fue trasladada a la Sala Capitular del Ayuntamiento de San Juan donde
estuvo hasta el 19 de septiembre en que recibió muestras de cariño del
pueblo que tanto ella quiso y ayudó. En donde se ofreció un acto en
que los ex gobernadores Rafael Hernández Colón (PPD), Luis A. Ferré
(PNP), el entonces alcalde de San Juan, Héctor Luis Acevedo, Miguel A.
Hernández Agosto, portavoz de la minoría del Partido Popular en el
Senado, y Rubio Bedoya, del Cuerpo Consular, entre otros muchos, le
reconocieron a doña Felisa la obra realizada por ella para el progreso
y bienestar de San Juan.
A las 11:00 de la mañana fue llevada a la Catedral de San Juan donde el
cardenal Luis Aponte Martínez ofreció una Misa en su memoria. En ambos
lugares el pueblo cargó el ataúd de doña Felisa. Después de la Misa
salió la comitiva fúnebre desde la Catedral (Calle Cristo-Fortaleza,
Ave. Ponce de León, Ave. Fernández Juncos, Ave. Muñoz Rivera) hasta
el cementerio de la Capital, localizado en el barrio Monacillos de Río
Piedras, donde fue enterrada con los honores de un jefe de estado.
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