Hititas

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Hititas

Historia

Civilización perteneciente al mundo antiguo que se estableció en Asia Menor, sobre la mitad oriental de la península de Anatolia. Las primeras informaciones sobre la existencia de este pueblo proceden de la BIblia, mientras que las otras fuentes dan una documentación muy escasa debido, básicamente, a que existen lagunas de información sobre períodos completos. La hititología como rama independiente de la orientalística no se puso en marcha hasta mediados el siglo XX, tras los descubrimientos realizados en Boghazkoy (Turquía), que proveyeron de importantes restos que han servido para profundizar en todos los aspectos de la cultura e historia hitita, prácticamente desconocida hasta entonces.

Historia política de los hititas

Sigue siendo muy difícil determinar con precisión el origen del pueblo hitita, así como el desarrollo histórico de los primeros momentos. Como se dijo antes, las fuentes son muy confusas e incompletas y, en muchos casos, mezclan la leyenda con la realidad histórica. Aun así, es posible dividir la larga historia de este pueblo en tres períodos evolutivos distintos. En su fase inicial de formación se denomina Reino antiguo Hitita; la segunda etapa corresponde al apogeo y hegemonía del Imperio hitita y, finalemente, el período de los Estados neohititas pone término al recorrido histórico de esta cultura.

Reino antiguo hitita

Como ya se indicó, los orígenes son muy difusos. Las primeras noticias del estado Hitita se inician con dos reyes, Khattushili I y Murshili I, cuya época se sitúa alrededor del siglo XVII a.C., momento en que se llevó a cabo la unificación de los reinos. El antecedente de este proceso fue protagonizado por Anitta de Kushushara, cuyas acciones bélicas en años anteriores habían culminado en la destrucción de Khattusha y el traslado de la capital a Nesha/Kanish. Será tras un nuevo proceso bélico cuando Khattushili I traslade la capital a Khattusa y adopte su nombre para el inicio de la dinastía.

El anterior proceso de formación del estado antiguo hitita se basa en noticias que aparecieron en textos poco fiables. Tradicionalmente, se pensó que el reino empezó con una pareja real formada por Labarna y Tawananna pero, en realidad, tal y como luego se demostró, estos nombres son los títulos que se aplicaban al rey y a la reina en general.

Aunque la fuente utilizada para este período, El edicto de Telipinun, de 1500 a.C., presenta al antiguo reino de Labarna como un modelo de concordia política, cohesión y poderío, en realidad, habría que imaginar la primera singladura del reino Hitita como un proceso de difícil y conflictiva confluencia hacia la unidad política, con tensiones dinásticas que permanecieron como un factor endémico de inestabilidad incluso hasta el final del imperio, y, desde luego, tampoco hay que olvidar que Anatolia central se encontraba fragmentada en pequeños reinos independientes. De hecho algunos textos encontrados del propio Khattushili remiten a las enormes luchas que establecieron él y sus antecesores contra el resto de las ciudades.

Sin bien no es posible determinar ni el orden ni el cómo de las anexiones, sí se sabe el nombre de estas importantes ciudades conquistadas, entre las que se encuentran algunas como Khupishna, Tuwanuwa, Nenashsh, Landa, Zallara, Purushkhanda y Lushna, principales rivales de Kushshara y Khattusha en el proceso de formación del reino. Para establecer su dominio, no siguieron únicamente las vía bélica; en muchos casos, los emparentamientos familiares por matrimonio conseguieron una unión, si bien a costa de provocar conspiraciones dentro de la corte por parte de las distintas facciones de poder.

Así fue como acabó el reinado de Khattushili I quien, en su testamento, hizo entrega de su poder al joven Murshili despues de sufrir traiciones y atentados por parte de sus familiares directos. Khattushili I controló la parte central de Anatolia. En la región sudeste conservaban su independencia algunos reinos poderosos como Khashshum y Urshum, en Siria el reino de Yamkhad y en la alta Mesopotamia el reino de khurri o de los Hurritas. Según las fuentes, en su avance, que se inició en el segundo año de su reinado, Khattushili se dirigió hacia el sur de Taurus y luego en dirección este, para saquear Urshum. Los hurritas invadieron el país mientras los hititas combatían contra Arzawa en una serie de enfrentamientos que duraron durante años, sobre todo, en la región situada al norte de Sirira.

Su sucesor, Murshili I, será el que complete la obra. Volverá a reiniciar el ataque contra Siria doblegando al rey de Yamkhad y a sus aliados en una campaña cuyos detalles de organización se desconocen, aunque se sabe que que consolidó su presencia en el norte de Siria y protagonizó el saqueo de Babilonia a la que abandonó después a su suerte.

Khamtili fue el sucesor de Murshili. Durante su gobierno continuaron los enfrentamientos contra los hurritas en la línea del Eufrates, Karkemish y en el país de Ashtata. En el proceso bélico perdió el norte de Siria, región cuyos intereses compartían distintas ciudades, ya que era una zona muy rica en materias primas.

El Imperio hitita

El proceso de unificación política continuó enfrentando en sucesivos conflictos a las distintas fuerzas de la región. La figura más importante que marcó un punto de inflexión en en la tortuosa historia del poderío hitita fue Shuppiluliuma, que accedió al poder hacia el 1380 a.C., sucediendo a su padre, Tudkhaliya III. Los problemas a los que debió hacer frente fueron muy diversos. Por un lado, intentó mantener bajo control a los Kaska, mientras lograba dominar a los reinos que flanqueaban Khatti, tanto por el este como por el sudeste, paso fundamental para poder enfrentarse con el reino de Mitanni y sus ciudades satélites, y para cuya consecución utilizó, además de los consabidos medios militares, tratados diplomáticos que estableció con diferentes reinos.

La primera guerra con Mitanni concluyó de forma brillante para el monarca hitita, ya que evitó avanzar hacia la región dominada por Egipto, con la intención de no abrir un nuevo frente de conflicto. El segundo enfrentamiento con Mitanni se produjo a raíz de la campaña de Shuppiluliuma en Siria, pues sus fuerzas militares habían penetrado en territorios ya controlados por los hititas. Además de estos problemas, la tarea más difícil a la que se enfrentó fue el intento de sometimiento de la ciudad de Karkemish, campaña que dirigió su hijo Telepinu con gran éxito, y a cuyo término, el hijo de este último, Piyashili, ocupó el trono, lo que aseguraba la hegemonía del Imperio hitita en la zona.

Tras la muerte de Shuppiluliuma, subió al trono su hijo Arnuwanda II, cuya enfermedad puso en peligro la consolidación del Imperio. Será su hermano menor, Murshili II, quien restablecerá el dominio hitita. El principal problema al que se enfrentó fue la sublevación en los territorios de Siria, con los que, una vez sometidos, tuvo que restablecer nuevos tratados de vasallaje; otro de los enemigos inesperados que hicieron aparición durante este reinado fue la peste.

A su muerte se proclamó Gran Rey su hijo Muwatalli. Este rey se dió cuenta de que el punto débil del imperio lo constituía la situación tan septentrional de Khattusha, la capital, que impedía ejercer un control efectivo en el norte del territorio. La solución que impuso Muwatalli fue proclamar a su hermano rey del País superior. La eficacia de esta medida finalizó con la muerte de Muwatalli que abrió una crisis sucesoria que finalizó con la proclamación de su hermano como Gran Rey.

KhattushillI II ejerció el poder de forma hábil y supo mantener el Imperio en las mismas condiciones que lo había heredado. Sus relaciones con los egipcios tras el enfrentamiento bélico de once años atrás por la ciudad de Kadesh, que permaneció bajo poder hitita, fueron mejorando gracias a la diplomacia, sobre todo a partir del 1271 a.C., cuando una de las hijas de Khattushili fue entregada como esposa de Ramsés II. Mucho más difíciles seguían siendo las relaciones con los asirios.

En 1265 a.C. muere Khattushilli. Le sucedió su hijo Tudkhaliya IV, que tuvo un mandato muy eficaz, una de cuyas claves fue mantener en equilibrio las fuerzas contrarias de la región, tanto Egipto como Mesopotamia, donde seguían los enfrentamientos, especialmente con los asirios.

Tras este reinado comenzó la etapa de los sucesivos gobiernos de Arnuwanda III y Shuppiluliuma II, época en que se multiplican los problemas para mantener el control del Imperio. A los tradicionales enemigos egipcios y asirios se sumaron las fuerzas de otros territorios que se coaligaron contra el poder hitita. El último reinado del que se tiene alguna información es el de Shuppiluliuma II; tras él, sólo existe el testimonio de las destrucciones generalizadas que afectan a Anatolia y Siria hacia el 1200 a.C. por los llamados "pueblos del mar".

 

Los estados neohititas

El final del Imperio hitita y el origen de estos estados representa una etapa oscura en las fuentes que se manejan, etapa cuya cronología se sitúa entre el 1200 y el 1000 a.C., y en la que el hecho más significativo fue la destrucción de la hasta entonces capital del Imperio hitita, Khattusha.

Fuese como fuese el proceso de formación de estos estados, lo cierto es que entre los límites que marcaron los frigios al noroeste, los arameos al sur, los urartu al norte y los asirios con el Éufrates, surgen doce principados autónomos, entre los que destacan los reinos de Gurgum, Milid, Kummukh, Khilakku, Adana, Karkemish, Patina, Aleppo, Luhuti y Hama. La trayectoria política de todos estos reinos es muy difícil de determinar incluso en sus líneas generales; es más, en muchos casos se conoce por la trayectoria de otros pueblos de la región como, por ejemplo, los asirios.

Durante esta época el Imperio asirio había entrado en un período de debilidad debido al constante atosigamiento al que había sido sometido por parte de los arameos. Esta situación varió por completo cuando ascendió al trono asirio un rey tan enérgico como Assur-Nasirpal II en el año 883 a.C. El conflicto entre estas dos pueblos, por su localización geográfica, arrastró en muchos momentos a los estados hititas, sobre todo a Karkemish y Kummukh, cuya notoria debilidad les hacía vulnerables a cualquier tipo de confrontación. De forma progresiva, fueron perdiendo su independencia hasta convertirse en provincias asirias, lo que ocurrió entre el 722 y el 705 a.C., durante el reinado de Sargón II, momento en que se aprovechó la circunstancia de que otros estados se habían levantado en rebelión contra el vasallaje y las irregularidades en el pago de tributos.

La conversión en provincias asirias tuvo consecuencias muy graves desde el punto de vista económico y cultural, pues según los registros arqueológicos desde ese momento desaparecieron las representaciones artísticas monumentales y las inscripciones jeroglíficas.

Estructura social hitita

En cualquier tipo de sociedad, la evolución desde las formas tribales a sociales, así como el establecimiento de ciudades, reinos o imperios, implica una progresiva complejidad de la estructura social, ya que también aumentan las necesidades de poder.

La jerarquización social es un hecho definitorio en las sociedades antiguas, sobre todo en los períodos de centralización de poder imperial. En la cúspide de la sociedad hitita, desde tiempos muy remotos, se situaba al Gran rey conocido como Labarna, una institución que parece haber sido siempre hereditaria, siendo el propio rey el que elegía a su sucesor. Existió igualmente una especie de asamblea de nobles, denominada Panku, que controlaba las acciones del rey, pero en la práctica, al ser esta asamblea quien ratificaba al rey, las conspiraciones y traiciones se sucedieron, problemas que quedaron resueltos cuando Telpinu determinó una ley sucesoria. El poder del rey le permitía exigir a cualquier ciudadano libre, medio día de trabajo personal no remunerado, además de otro tipo de prestaciones como entregas periódicas de ovejas y demás productos. La reina recibía el título de Tawananna y participaba del poder de sus maridos, lo que traía como consecuencia numerosos conflictos. Los hijos ilegítimos también tenían derecho a entrar en línea sucesoria, aunque, en la mayoría de los casos, cada rey entregaba distintos territorios para su gobierno a cada descendiente.

Por debajo de la institución real y de la nobleza existían dos poderosos grupos sociales, el religioso y el funcionarial, que controlaban muchas esferas de la política y administración territorial. Las clases más estables eran los artesanos y los comerciantes, así como los labriegos en el campo, mientras que en peor situación vivían los pastores, en su mayoría nómadas. El resto de la población, sobre todo la que habitaba en aldeas, era administrada por una especie de consejo de ancianos que se encargaba sobre todo de solucionar los pleitos y rencillas que pudieran surgir en el desarrollo de la vida cotidiana.

El ejército se convirtió en seguida en una necesidad. Junto a los problemas con los pueblos fronterizos, se sumaban las propias alteraciones de carácter interno, por lo que desde tiempos remotos la fuerza militar era permanente. En lo referente a su organización, contaba con unidades de infantería y de carros ligeros, cuya efectividad requería un entrenamiento muy severo, pues el avance antes de un ataque se debía de realizar en el más absoluto de los silencios para evitar que su presencia fuera descubierta. Las fuerzas militares tenían triple procedencia. A los contingentes que aportaba el propio rey hitita se sumaban las fuerzas de cada uno de los reyes vasallos, a las que se añadían, por último, las tropas de mercenarios. Antes de cualquier campaña se acordaba el pago que recibiría cada uno de ellos, que generalmente se hacía en especie y cuyo monto dependía del botín que se capturara.

Base económica de los hititas

En términos generales, durante la Antigüedad, la base alimenticia y económica de los pueblos dependía directamente de los condicionantes ambientales. Los hititas, en concreto, no habitaban tierras ideales para el desarrollo de la agricultura, ya que la lejanía de fuentes naturales de aprovisionamiento de agua, como son los ríos, obligaba a una absoluta dependencia de las lluvias, cuya frecuencia y regularidad eran imprevisibles, al margen de los accidentes inesperados y las catástrofes climáticas, factores carenciales que no se vieron subsanados por el deficientemente desarrollado sistema de riegos, todo lo cual hacía muy difícil determinar el volumen de cosecha que se obtendría cada año.

Las aldeas, al igual que los pequeños grupos de población, obtenían lo suficiente para su abastecimiento, si bien no lograban producir el excedente necesario para mantener a los grandes núcleos urbanos. Esta circunstancia obligaba a establecer intervambios comerciales con el exterior, con el fin de completar el aprovisionamiento.

El principal cultivo, a pesar de no disponer de las mejores condiciones medio ambientales para ello, era el cereal, base de la dieta hitita, seguido de las hortalizas y leguminosas, que ocupaban también un lugar importante, mientras que los frutales no eran muy abundantes. Dos cultivos relativamente importantes en su economía eran el olivo y la vid.

Los animales de crianza ocupaban un lugar preponderante; entre éstos, destacaba el cerdo, animal cuya crianza se generalizó, obviamente, porque sus cuidados y alimentación requerían muchos menos esfuerzos que los de bueyes u otras especies domesticadas, como oveja o la cabra, aunque también existieron. Lo más importante de la ganadería fue el aprovechamiento total que se consiguió del animal, productos lácteos, pieles, lana..., del que se derivó una industria artesanal y textil y de elaboración de alimentos.

 

Producción cultural del mundo hitita

Para el conocimiento del arte hitita han sido fundamentales las excavaciones arqueológicas que desde principios del siglo XX se emprendieron en la región. El avance que supuso conocer la lengua hitita pudo lograrse gracias al descubrimiento de vastísimos archivos de tablillas de barro, con escritura cuneiforme, halladas cerca de las ruinas de Bogazkoy, al norte de Anatolia, que pudieron ser descifradas mediante estudios comparativos con los ideogramas sumerios y acadios. La lengua hitita se clasificó dentro del grupo indoeuropeo denominado Hitito-luvita.

El apogeo de las artes plásticas, se sitúa sin duda en la época imperial, momento en el que se desarrollan las características arquitectura y escultura monumentales de este pueblo. La máxima perfección, por encima de toda la producción del Próximo Oriente, se alcanzó en la arquitectura militar, claro exponente de lo cual son las murallas de Khattusa, cuyo mérito se ve acrecentado por la irregular situación geográfica del terreno que dificulta una construcción normal. De estas murallas conocemos tres de sus grandes puertas, la denominada Puerta del Rey, la Puerta del León y una tercera sin ninguna escultura. A este mismo modelo se ajustan las murallas de otras ciudades del Imperio, como por ejemplo las de Alaka Hüyük.

Además de esta arquitectura militar, los hititas dedicaron enormes esfuerzos en la construcciones de templos y palacios. Un rasgo común en estos edificios es la total asimetría de sus plantas. De nuevo en Khattusha se han identificado al menos cuatro edificios que se corresponderían con antiguos templos de la capital del Imperio, el mayor de los cuales estuvo rodeado de almacenes que forman una especie de muralla. En el espacio que quedaba en el centro era donde se situaba el santuario. El conjunto arquitectónico, en total, cubre una superficie de unos 160 metros de largo y 135 de ancho.

Un rasgo muy importante, a la hora de exponer las características de la arquitectura hitita, es la incorporación que hace de la escultura como elemento arquitectónico, doblemente sorprendente si se tiene en cuenta que no se conocen representaciones de estatuaria exenta o independiente. La técnica alcanzada fue bastante elevada, como se plasma en las esfinges de la colina de Yerkapu, o las feroces cabezas de león de Bogazkoy, que trasmiten una gran expresividad.

Junto a esta producción se desarrolló otro genero carasterístico de la escultura hitita, el alto relieve combinado con el bajorrelieve. La más famosa representación de altorrelieve se encontró en las jambas de la Puerta del Rey de Khattusha, en una representación que muestra la figura de un dios, cuya cabeza y extremidades están colocadas de perfil, mientras que el torso esta en posición frontal. Otro conjunto de relieves importante, entre los que se conservan, es el que fue trabajado directamente sobre la pared rocosa de Yazilikaya, en el siglo XII a.C.; en la galería principal, se representó una escena que reunió a setenta personajes, mientras que en la galería secundaria se presenta un panel con doce dioses idénticos.

Es necesario precisar que la escultura hitita, en general, tiene una funcionalidad religiosa que prevalece sobre la finalidad propagandística con respecto a la figura del rey.

La producción literaria también ha sido analizada. Junto a la enorme proliferación de mitos y leyendas anatolios, lo más importante en el terreno literario fue la labor realizada por los escribas de palacio, que realizaban trascripciones y adaptaciones de las obras más importantes de los pueblos vecinos. Gracias a esta labor, conocemos fragmentos del Poema de Gilgamés, así como, del Atrahasis, poema acadio sobre el diluvio. El influjo más importante sobre la literatura hitita lo ejercieron los hurritas, un pueblo del que se conoce todo un ciclo de poemas que giran en torno a los dioses.

Creencias religiosas


A lo largo de su historia, los hititas se fueron siempre muy receptivos a los influjos religiosos de los pueblos vecinos, sobre todo los hurritas, interlocutores suyos en el contacto con otras culturas del Oriente Próximo, principalmente la mesopotámica y la ugarítica. Además, en sus sucesivas conquistas de territorios supieron respetar el culto de sus divinidades integrándolas en el conjunto, logrando así una síntesis muy original. Por este motivo no es extraño encontrar importantes centros religiosos locales, en cada uno de los cuales se rendía culto a una divinidad principal, junto a otras menores. Como característica general de la idiosincrasia religiosa hitita se puede destacar su sentido pragmático, sobre todo en las relaciones entre el hombre y los dioses, prueba de lo cual son las numerosas plegarias encontradas, en las que el diálogo alcanza un lenguaje muy íntimo y fraternal.

El panteón hitita, como es de suponer, fue inmenso, dada su vocación sincrética. No es de extrañar que recibiera la denominación de el país de los mil dioses. La diosa solar es la más importante. Ella es la gran divinidad del estado, por lo que el rey debe de rendirle cuentas. Participa en las actividades de poder y acompaña al rey en todos sus combates. El marido de esta diosa es el dios del viento o de la tempestad. En realidad, se pueden destacar dos tríadas principales: una formada por Teshub, Khebat y su hijo Sharruma, de origen hurrita, que será asimilada por los hititas como el dios del viento de Khatti, la diosa solar de Arinna, y el hijo de ambos, dios de la tempestad en Nerikka y Zippalanda.

La práctica religiosa se llevaba a cabo a través de rituales, cultos y sacrificios en el templo, lugar donde se desarrollaba la vertiente pública de la religión. Estos actos congregaban a la multitud bajo la presencia del rey. Otros rituales son el que se hacía previamente a la batalla, el de la peste o el de la fecundidad.

 Arte Hitita

Expresión artística desarrollada por el pueblo hitita en Asia Menor durante la Edad Antigua.

Sus orígenes culturales se relacionan con la cultura mesopotámica -sumerios, acadios y sirios- y ejerce una poderosa influencia en el nacimiento de las culturas persa, cretense y etrusca. Las muestras más notables del arte hitita se encuentran en las ruinas de Hattusá, capital del antiguo reino fundada por Hatusil, actual Boghazkeui, cuyo palacio (Hilani), sobre terraza con acceso en grandes escalinatas y con columnas sobre alta basa de piedra, determinó parte de los caracteres del arte persa.

En escultura, los hititas crearon una serie de temas como el águila bicéfala o el caballo alado (el Pegaso griego), y representaciones de deidades (Gilgamesh, Cibeles como diosa de la Tierra con leones) que se transmitieron a las culturas clásicas occidentales.

Al mismo tiempo desarrollaron un sistema de escritura jeroglífica en el que las líneas se leen en orden alternativamente inverso (bustrófedon), es decir, un renglón de izquierda a derecha y el siguiente de derecha a izquierda

(2)[Lingüística] Hitita

 

Lengua perteneciente al grupo anatolio, subclase dentro de la familia indoeuropea. A pesar de ser actualmente una variedad extinta, representa el más antiguo testimonio de una lengua indoeuropea, y su estudio resulta interesante de cara a la reconstrucción de la lengua originaria. Por ejemplo, uno de los más reveladores rasgos fonéticos del hitita consiste en la conservación de un sonido laríngeo del indoeuropeo (transcrito mediante el carácter h) que las demás lenguas dentro de esta familia perdieron; tal es el caso de pahhur ´fuego´, frente a sus correlatos en griego (pãr), umbro (pir), checo (pýð), tocario (por) e inglés antiguo (fþr).

Los hititas eran una tribu que se asentó en Anatolia hacia el tercer milenio a.C., desplazando a la población indígena (cuyas lenguas, el hático y el hurrita, no pertenecían al grupo indoeuropeo). Durante todo el segundo milenio, el reino hitita fue uno de los más poderosos de Oriente Próximo. Su capital se hallaba en Hattusa (moderna Bo;azköy, al este de Ankara). En el año 1200 a.C., sin embargo, la cultura hitita entra en un período de franca decadencia, hasta que finalmente desaparece a finales del segundo milenio, absorbida por otros pueblos invasores.

Desde 1905, una serie de excavaciones arqueológicas en Bo;azköy revelaron la existencia de miles de tablillas de arcilla con inscripciones en acadio, sumerio y una tercera lengua hasta entonces desconocida: el hitita. El hecho de que el mismo tipo de escritura cuneiforme fuera utilizada en todas ellas permitió su inmediato descifre. Sin embargo, su identidad indoeuropea fue oscurecida inicialmente por dos factores: la presencia de un léxico considerable de origen no indoeuropeo (por influencia del hático y el hurrita) y la ausencia de un complejo sistema flexivo (esperable en una lengua anterior al griego homérico o al sánscrito, por poner un ejemplo). Finalmente, entre 1915 y 1919, se demostró que el hitita se trataba de una lengua indoeuropea.

Las tablillas hititas encontradas datan de los años 1400-1300 a.C. Se hallan representadas en un tipo de escritura cuneiforme muy parecida a la del acadio antiguo, en la que se combinan los ideogramas y los elementos determinantes; adicionalmente aparecen ciertos fonogramas que sirven para señalar el caso nominal. Dentro de su sistema fonológico, el hitita establece una oposición contrastiva entre oclusivas sordas sencillas y geminadas. También llama la atención la ausencia de la vocal /o/. Dentro de la flexión nominal se distinguían dos números (singular, plural), dos géneros (común, neutro) y siete casos (nominativo, acusativo, genitivo, dativo, locativo, ablativo, instrumental). Su sistema verbal era bastante sencillo, ya que únicamente poseía dos voces (activa, media), dos modos (indicativo, imperativo) y dos tiempos (presente-futuro, pretérito).
 

Fundación Educativa Héctor A. García