|
Vea el mapa de la India
[Aquí]
La
historia de India es la historia de un país continuamente
invadido, que ha ido adoptando y asimilando tradiciones
muy diversas para dar lugar a una riquísima cultura
caracterizada por el sincretismo y la tolerancia.
Los orígenes de la
Civilización India se remontan al 3000 a.C, en que se
desarrolló, en torno al río Indo, una brillante
civilización que recibe el nombre de
Civilización de Harappa.
Esta cultura neolítica, comparable a la de Mesopotamia,
puede considerarse el origen de algunos de los rasgos
propios de la India histórica, y es el punto de partida de
los cultos dedicados a la diosa madre y de los rituales
sexuales y de fertilidad, que darían lugar al shaktismo y
al
tantra.
Igualmente, en las distintas ciudades de la Civilización
de Harappa, entre las que destacan la propia Harappa y
Mohenjodaro,
se han encontrado numerosos objetos artísticos que pueden
considerarse antecesores de la plástica posterior.
El verdadero origen de la cultura india propiamente dicha,
se fragua, sin embargo, con la fusión de la tradición
local neolítica, claramente agraria y matriarcal, con el
elemento ganadero y masculino importado por las invasiones
arias (indoeuropeas) que se produjeron entre el 1500 y el
1200 a.C. A partir de estas invasiones se desarrolla un
período extraordinariamente importante, aunque mal
conocido, de la historia de India que suele dividirse en
dos grandes momentos: el
Período Védico y el
Período Brahmánico,
en los que se escribieron las grandes obras religiosas y
las epopeyas indias; entre ellas, los
Vedas,
el Mahabharata y el Ramayana; también en
estos períodos se configuró el sistema social de las
castas y se desarrollaron dos grandes religiones, que
surgieron como reacción al brahmanismo: el
budismo y el
jainismo. Durante este
período de formación, India entró en contacto con los
persas y con los griegos de Alejandro Magno, que fundaron
varias ciudades junto al Indo, en la región de
Gandhara.
El budismo fue la religión
dominante en India desde el siglo III a.C. hasta el
siglo V d.C. Durante este período se sucedieron varias
dinastías, que patrocinaron importantes obras artísticas
y literarias y que dieron un gran impulso a las ciencias.
La primera gran dinastía india fue la de los
Maurya (322-187a.C),
establecida a orillas del río Ganges, en la ciudad de
Pataliputra (actual ciudad de
Patna,
capital del estado de
Bihar).
Su más importante monarca fue
Ashoka
(273-232 a.C.), que se convirtió
al budismo y bajo cuyo reinado se configuró el primer
arte indio. A la dinastía Maurya siguieron las Shunga-Andhra
(187 a.C- 150 d.C.),
Kushana
(siglo I a.C- 319 d.C.) y la dinastía
Gupta
(319-490 d.C). Durante el reinado de esta última, India
alcanzó uno de sus momentos de mayor esplendor, que en
ocasiones recibe el nombre de "época clásica"; fue
entonces cuando el arte budista alcanzó su cénit y
cuando se hicieron las importantes
cuevas de Ajanta.
Durante el período gupta las ciencias alcanzaron un gran
desarrollo, y fue entonces cuando Aryabhta creó el
número cero, el sistema decimal y ajustó el valor del
número Pi; la astronomía, la medicina y la literatura,
protagonizada por
Kalidasa, también
asistieron a un momento álgido.
A partir del siglo V d.C.
el budismo dejó de ser la religión dominante en India y
se produjo un espectacular renacimiento de la religión
brahmánica y de los cultos populares, que desde entonces
recibió el nombre de hinduismo. La hegemonía
gupta se rompió con la invasión de los hunos heftalitas
en el año 490 d.C.; a partir de entonces el territorio
indio se fragmenta en varios reinos independientes
gobernados por dinastías de muy distinto origen. Entre
el año 609 y el 1070 gobiernan en el Dekkan los
Chalukya,
una importante dinastía cuyas magníficas obras
arquitectónicas sirvieron de inspiración al
arte hindú
posterior, tanto del sur, como del norte de India. En el
sur, los distintos reinos que surgen a partir del siglo
VII d.C. reciben el nombre de
drávidas,
y entre ellas, sobresalen los gobernados por las
dinastías Pallava (625-870 d.C.), Chola (836-siglo
XIII), Hoysala (siglos X a XIV), Pandya (siglo I a.C. a
siglo XIV), Vijayanagar (1336-1565) y Nayaka (siglos XV
a XVII). En el norte de India entre las dinastías más
importantes, que reciben el nombre de rajput (hijo
de rey), figuran los Ganga (siglos X a XIII d.C), los
Chandela (Siglos X a XII) y los Solanki (siglos XI a
XV).
La primera penetración
islámica en India se produjo en el año 711; aunque la
presencia islámica comenzó a hacerse notar realmente a
partir del siglo XI con la llegada de los Ghazníes. En
1193 se crea el primer sultanato independiente en Delhi
y se construye el primer gran monumento musulmán de
India: el
Qutab Minar de Nueva
Delhi. El momento de máximo apogeo del período
indomusulmán tiene lugar bajo el reinado de los Grandes
Mogoles, los seis primeros monarcas de la dinastía
Mogol
(1519-1857) entre los que se encuentra
Shah Jahan,
el constructor del
Taj Mahal.
Durante el reinado de los Mogoles, las ciudades de
Delhi,
Agra y Lahore (esta última actualmente en Pakistán)
fueron embellecidas con monumentales construcciones que
sincretizaban las tradiciones islámica e hindú. También
durante el reinado de los mogoles se crearon importantes
talleres de pintura que dieron un papel protagonista a
la
miniatura india.
Tras la llegada a India de
Vasco de Gama en 1498, varias potencias europeas
comenzaron a establecer en la península emporios
comerciales y a competir por el control de las
mercancías. Portugal estableció varias colonias, entre
las que destaca Goa, que dejó de ser protectorado
portugués en el año 1961. Inglaterra fue haciéndose poco
a poco con la mayor parte del territorio indio, y lo que
en principio había comenzado por una expansión meramente
comercial por parte de la Compañía de las Indias
Orientales, acabó por convertirse en un virreinato en el
año 1858, tras la sangrienta
Rebelión de los Cipayos.
El gobierno de los británicos en India recibió el nombre
de Raj, y pronto comenzó a verse comprometido por los
movimientos nacionalistas del siglo XIX, que se
tradujeron en la formación de dos partidos políticos que
más tarde encabezarían la lucha por la Independencia: el
partido del
Congreso Nacional Indio
y la Liga Musulmana. Tras la
Primera Guerra Mundial, las posturas de los
nacionalistas se radicalizaron, y comenzaron a pedir
abiertamente la Independencia; la lucha no violenta que
se inició entonces estuvo encabezada por el dirigente de
la Liga Musulmana
Muhammad Alí Jinnah,
quien fundaría en 1947 el estado de Pakistán, y por
Mahatma Gandhi,
del partido del Congreso. Las campañas de resistencia
pasiva y de no cooperación con el gobierno británico
promulgadas por Gandhi y la victoria en las elecciones
británicas de los laboristas en el año 1945,
desembocaron en la declaración de Independencia de 1947
y en la partición de India y Pakistán.
Tras la Independencia de
1947, India se declaró República Federal y siguió
formando parte de la Commonwealth.
Jawaharlal Nehru,
elegido Primer Ministro durante cuatro legislaturas
consecutivas, tuvo que enfrentarse en 1948 a una guerra
con Pakistán, resultado de la partición y de la disputa
por el territorio de Cachemira, en 1962 a una guerra con
China por las fronteras comunes y a numerosos problemas
internos. En el interior llevó a cabo una reforma de
tipo socialista, con importantes éxitos en la política
agraria, y en el exterior se convirtió en el líder de
los países No Alineados. A su muerte, en 1964, el
partido del Congreso siguió gobernando, y a partir de
1966, la hija de Nehru,
Indira Gandhi,
fue elegida Primera Ministra. Indira llevó a cabo
importantes reformas en el país entre las que se
incluyen: una reforma agraria llamada Revolución
Verde, una reforma social llamada Gharibi Hatao
("vencer la pobreza") y una estricta política de control
de la natalidad; tuvo que enfrentarse a graves problemas
internos entre los que destacaron el problema de
Cachemira, de mayoría musulmana, que había quedado
pendiente tras la partición, y el problema del
radicalismo
sikh
en el Punjab, que tuvo como
resultados una sangrienta matanza llevada a cabo por
parte del ejército contra los rebeldes, que se
encerraron en el Templo de Oro de Amristar, en 1984, y
el asesinato de Indira.
El hijo de Indira Gandhi, Rajiv, su sucesor en el
gobierno de la Unión India, fue asesinado también en
1991.
En el brahmanismo, el ritmo
de la vida cotidiana está marcado por los ritos y
prácticas religiosas. Sometida a una infinidad de ritos
denominados samskara (algo así como "sacramentos"),
la vida diaria se desenvuelve en medio de un entramado
de prácticas, muchas de ellas realizadas en torno al
fuego del hogar, cuya obligatoriedad recae sobre los
padres de familia de las clases de los re-nacidos. De
especial significado era la práctica de las tres
ofrendas diarias: se comenzaba el día con las
purificaciones con agua, ceniza y los productos de la
vaca; a mediodía tenía lugar el rezo de los
mantras
(especie de salmos de origen védico), y se concluía con
las invocaciones vespertinas dirigidas al sol. Existía
también, para los brahmanes, la obligación de ofrecer
sacrificios en ciertas fechas, como por ejemplo, en la
luna nueva.
Durante el brahmanismo se
recuperan dos prácticas de la antigüedad que marcarán
más tarde el culto hinduista: la adoración de las
imágenes y las peregrinaciones a los lugares sagrados.
Característica de este período es también la teoría de
los asrama, o etapas de la vida. En ésta el
hombre se desenvuelve primero como estudiante, luego
como jefe de familia y finalmente como hombre de
meditación en su retiro campestre.
Aunque no es posible
señalar la fecha del inicio de lo que se conoce como
brahmanismo, sí se puede hablar de un elemento
característico del mismo que tiene lugar, probablemente,
en torno al siglo VI a.C. Se trata de la composición de
los Upanisad antiguos, obra de pensadores ajenos
a la casta sacerdotal. Estos libros son un verdadero
hito en la trayectoria del pensamiento de la India. Si
bien es cierto que todavía se mueven en la órbita de los
solemnes sacrificios típicos de la época anterior,
insistiendo en su aspecto soteriológico y simbólico, no
lo es menos que en ellos aparece ya una evolución de las
creencias mucho más allá del marco estrecho de esos
simbolismos. Los mejores testimonios sobre las creencias
de la época son los transmitidos por las dos epopeyas
principales: el Mahabharata y el Ramayana.
Ellas son testigos del establecimiento de Siva y Visnu
como divinidades de primer orden. En el siglo VIII de
nuestra era, el filósofo
Sankara
se propuso fundar racionalmente la esencia de la
doctrina brahmánica, intentando demostrar que la única
realidad es la del brahman-atman, como fondo
permanente del existir y causa última de todas las cosas.
Su pensamiento reviste un gran valor especulativo, y aún
hoy día es considerado maestro y modelo de la mediación
entre las diversas confesiones religiosas del hinduismo.
Siguiendo el ejemplo de
Sankara, hacia el final de la edad media se formó el
imperio de
Vijayanagar,
que intentó revitalizar las tradiciones y las costumbres
védicas para hacer frente a los embates del
islamismo
por el norte y el oeste. Otro intento de retorno y de
renovación védica fue promovido por el movimiento
Arya Samaj, fundado por Dayananda Sarasvati en el
siglo XIX. Éste, instruido por varios sabios, conectó
con el pensamiento de Sankara y luego asumió una vida
itinerante, combatiendo con su predicción el culto a las
imágenes y todo aquello que le parecía indigno del más
auténtico brahmanismo, revalorizando elementos de la más
pura tradición, como la doctrina del samsara y
del karma.
|