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Quien fue Buda
Quien fue Buda
¿Qué es la meditación?
Las cuatro nobles verdades
El camino hacia la iluminación
La vacuidad

Historia

Buda significa "Iluminado" aquél cuya mente ha alcanzado el despertar y que puede ponerse, por tanto, más allá del samsara y fuera del sufrimiento. Buda es por tanto todo ser que alcanza este bienaventurado estado; por eso nos referimos a Sidarta Gautama Sakiamuni como a un Buda más, aunque para nosotros el más decisivo, puesto que es el que descubrió predicó y dio forma a las enseñanzas de las que derivan las diferentes escuelas que hoy difunden y mantienen el Darma.

Sidarta nació en el país de los sakias, cuyo territorio se hallaba al sur del actual Nepal el 566 a.c. Su padre, Sudodana, de la casta de los ksatrias (aristócratas guerreros) era "rey" de aquel territorio, es decir, el jefe más poderoso de una confederación de clanes aristocráticos. Su clan propio era el Gautama, de modo que el nombre por el que se conoció al Buda sería el de Sidarta Gautama, denominación a la que se añadiría más tarde la de "sabio de los sakias" (Sakiamuni).La madre de Sidarta se llamaba Mahamaya y era también del más noble linaje. La tradición rodea el advenimiento de Sidarta de numerosas premoniciones y prodigios que indican la gran importancia que la persona y su enseñanza alcanzaron durante su vida y despu és de ella.

El nacimiento se produjo en Lumbini, lugar situado a corta distancia de Kapilavastu, residencia de Sudodana, y al niño se le puso por nombre Sidarta, que significa "cumplimiento del objetivo". Mahamaya murió pocos días después a consecuencia del parto, pero Sidarta fue criado por Mahaprajapati, hermana de su madre y también esposa de su padre.

Durante su niñez y juventud no parece que Sidarta se distinguiera de los demás jóvenes nobles de su tiempo. Según la tradición, el rey Sudodana, que temía perderlo y quedarse así sin primogénito (puesto que, sin duda, tenía muchos más hijos), intentó aislarlo del mundo exterior y hacerlo vivir en un mundo cerrado en el que todo eran placeres y el dolor y la muerte quedaban cuidadosamente ocultos. Recibió la educación literaria, religiosa y militar que eran propias de su condición y, a su debido tiempo se le casó con Yasodara, una bella y noble joven con la que parece que era feliz.

Según la tradición Sidarta tuvo cuatro encuentros que cambiaron completamente su forma de ver el mundo y le impulsaron a buscar algo m ás fuera de los placeres de que estaba rodeado.

El príncipe solía salir con su auriga, Chandaka, a dar paseos fuera del palacio, y en uno de estos vio un día Sidarta a un anciano decrépito que los criados de su padre no habían tenido tiempo de apartar. Asombrado ante aquella decadencia tan extrema, que él no había visto nunca antes, pensó que se trataba de algo extraño, hasta que Chandaka le sacó de su error y le enseñó que, de vivir mucho tiempo, todos los seres perd ían su belleza y muchos de sus atributos para ser viejos y débiles.

En otra ocasión vio un enfermo que sufría un mal repugnante que deformaba su cuerpo y le hacía padecer grandes dolores. El príncipe se sorprendió mucho cuando Chandaka le explicó que esto era algo normal, puesto que los humanos sufr ían enfermedades constantemente.

En otra salida se topó el príncipe con un cortejo funerario, lo que le puso en contacto con la muerte y el principio ineluctable de que todo lo que nace tiene que morir.

Por último, en otro paseo, a quien vio Sidarta fue a un mendigo que, a pesar de vestir muy pobremente y pedir limosna, tenía un aspecto feliz y luminoso. Al preguntar quién era se le contestó que se trataba de un hombre santo que había renunciado a todo para dedicarse a la perfección espiritual.

Todos estos encuentros le habían turbado profundamente y le habían hecho pensar en la falta de sentido de su vida de placer. Comenzó a ver su entorno con otros ojos y a observar el esfuerzo y el sufrimiento de los criados y trabajadores, el de los animales que trabajaban en el campo e incluso el de las mujeres que llenaban el harén del palacio. Comprendió la magnitud del sufrimiento que le rodeaba y en el que estaban sumidos todos los seres y decidió buscar el también una salida a esta rueda de dolor inacabable que se renovaba con cada existencia. Con cerca de treinta años dejó su palacio y su patria, se despojó de adornos y joyas, se vistió como mendigo y como tal aprendió a pedir limosna.

Al principio Sidarta buscó la enseñanza de grandes maestros como Arada y Rudraka, que le enseñaron a meditar hasta niveles muy elevados y, una vez que hubo aprendido se retiró a Bodgaya en el reino de Magadha, en donde se entregó a las más extremas prácticas ascéticas durante seis años. Su fama se extendió y varios ascetas más se le acercaron y se convirtieron en sus discípulos, al ver sus grandes cualidades y los extremos a que llevaba su sacrificio.

El ascetismo extremo, sin embargo, no le hizo progresar demasiado en el camino hacia la iluminación y, cuando Sidarta comprendió que castigar el cuerpo hasta ese extremo no le haría adelantar más de lo que ya estaba volvió a comer mejor, se bañó y reconsideró su posición. Sus discípulos, desilusionados por lo que consideraban un abandono, le dejaron, pero él se dio cuenta de que, con las fuerzas recuperadas, volvía a sentirse capaz de continuar con su esfuerzo. Por eso enunció Sidarta su doctrina de la Madiamika, el camino medio: los excesos de sensualidad y ascetismo no son favorables para perfeccionarse espiritualmente; el sabio debe buscar un equilibrio entre ambos extremos.

Cuando llegó a esta conclusión, volvió a sentarse bajo un árbol (el Bo, o árbol de la iluminación) y tras pasar por varias fases en que sufrió tentaciones de los sentidos e ilusiones producidas por su propio yo, consiguió superar sus limitaciones anteriores y al alcanzar la iluminación convertirse en el Buda. Tenía entonces 35 años.

Sidarta había comprendido que el deseo era la causa del sufrimiento. El deseo crea apego y éste ata a la existencia, fomenta la ilusión del yo y sume a los seres en un estado de ignorancia en que no reconocen la naturaleza de su mente y que los condena a vivir en el samsara.

En un principio el Buda dudó sobre si debía o no enseñar el Darma (su doctrina), pero al final venció su compasión y comenzó su predicación en el parque de los ciervos, cerca de Varanasi (Benarés). Allí le oyeron sus antiguos discípulos, quienes pronto se convirtieron en arhats (los que han elimindo en su interior todos los obstáculos para llegar a la iluminación). A éstos se sumaron muchos otros y así se creó la Sanga, la comunidad de Monjes Budistas, para los que el Buda mismo dio las primeras y fundamentales normas. Reyes y devotos pronto proporcionaron tierras y edificios en los que construir monasterios para alojar el creciente número de monjes.

El Buda continuó dando enseñanzas y ejemplos hasta la edad de ochenta años, momento en que entró en profunda meditación y pasó al Nirvana (Parinirvana) (486 a.c.), pero su enseñanza quedó como guía para ayudar a todos los seres a salir del sufrimiento.

Las enseñanzas de Buda reciben el nombre de «Rueda del Dharma» por la siguiente razón: Se dice que en tiempos remotos había grandes reyes, llamados «reyes chakravatines», que gobernaban el mundo entero. Estos reyes tenían unas posesiones muy especiales, entre las que destacaba una rueda preciosa con la que podían viajar por todo el mundo. El rey podía dominar cualquier región a la que viajara con la rueda. Se dice que las enseñanzas de Buda son como una rueda preciosa, porque allí donde se difunden aquellos que las ponen en práctica tienen la oportunidad de controlar sus mentes.

«Dharma» quiere decir 'protección'. Con la práctica de las enseñanzas de Buda nos protegemos de problemas y sufrimientos. Todos los problemas que surgen en nuestra vida diaria tienen su origen en la ignorancia, y ésta se elimina a través de la práctica del Dharma.

El adiestramiento en el Dharma es el método supremo para mejorar la calidad de nuestras vidas. Ésta depende no sólo del desarrollo externo o progreso material, sino también del crecimiento interno de paz y felicidad. Por ejemplo, en el pasado muchos budistas vivían en países subdesarrollados y pobres, pero disfrutaban de una felicidad pura e imperecedera porque practicaban lo que Buda enseñó.

Si integramos las instrucciones de Buda en nuestra vida diaria, podemos resolver todos nuestros problemas internos y lograr una verdadera apacibilidad mental. Sin paz interior, la paz externa es imposible. Si establecemos primero la paz en nuestro interior por medio del adiestramiento en el camino espiritual, la paz externa surgirá de forma natural; pero si no lo hacemos así, nunca habrá paz en el mundo por muchas campañas que se organicen en su favor.

El budismo o Budadharma son las enseñanzas de Buda y las experiencias o realizaciones que se obtienen al ponerlas en práctica. Buda impartió ochenta y cuatro mil enseñanzas. Todas ellas, junto con sus respectivas realizaciones, constituyen lo que se llama «budismo».

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