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Capitulos

1-Rafaela   2-La Intriga   3-La Historia   4-El Encuentro   5-La Desgracia   6-La Trama   7-Corcega

8-El Regreso   9.El huerfano   10. Encomienda Postuma   11.El hijo del cura   12. Yacari  

13. Aguacero de Mayo

El Corso de Guayama

Capítulo VI

La Trama, el enredo y el viaje...

 

Escrito por: Héctor A. García

©Todos los derechos reservados escrito en 1989

 

Se decía, que la señora Vidal, sus hijas y criadas se entretenían pelando a medio pueblo pellejo a pellejo, que lo que no sabían se lo inventaban y que muchas reputaciones particularmente de damas contrarias al partido político de su padre  don  José Vidal, habían caído por el piso.  Casualmente Rafaela y su madre no comulgaban  con dicho partido y estaban con Don Enrique González para próximo alcalde.  Aquel acontecimiento de Rafaela y el cura seria una excelente novedad para contar por buen rato.  Aquí reza el viejo dicho: En pueblo pequeño, campana grande.

 

Una angustiada Rafaela salió de la Iglesia corriendo y desesperada por una calle enlodada, bajo un torrencial aguacero.  Caminó y vagó por el pueblo un rato mientras se bañaba y desprendía bajo la lluvia del asqueante olor a  cura sudoroso que la contaminaba.  Se sentía sucia y avergonzada. -¿Por qué señor, porqué?- gritaba desconsolada. Nadie se veía por el pueblo, las ventanas y puertas de las casas permanecían cerradas como si no se quisieran enterar de lo que aquel día había ocurrido y Rafaela recibía de Dios aquellas aguas puras que le aseguraban su limpieza espiritual.  Pero la prueba a la que seria sometida apenas comenzaba en lo que sería el peor momento de su joven vida.

 

Llegó a su humilde hogar y se tiro a su petate (cama) a seguir llorando, en eso se acerca Doña Fanny (Maria) su madre y ella la pone al tanto del  lamentable incidente.

 

-Oiga uste, no tiene pol que preocupalse pol ná. ¿Qué ja hecho usté?¿ na veldá?, puej olviese deso. Qui no me entere yo, qui la brujas brujas esas se jaya puesto a hablal de ti, pol que así no ma te digo que jasta ahí vamo a llegal.- La madre de Rafaela vivía con rabia con la familia del alcalde por muchísimas razones, principalmente por la lengua viperina y dañina de la mujer e hijas que eran como cañones de guerra.  Además ella era partidaria de Don Enrique González político contrario al alcalde para quien ella trabajó en algún momento en calidad de doméstica.

 

-Lo junico que te recomiendo hija ej que no vuelva maj pol la Iglesia pol ahora, di lo contrario va a sel peol- fué la recomendación de su madre.

 

-Dios mio, pero ¿como es posible que le haya confiado mis mas íntimos secretos al desgraciado ese?- se preguntaba Rafaela preocupada de que Juan Carlos con quien ya había comenzado una relación se fuera a enterar. Y así pasaron los días...

Ya había pasado más de un mes de lo ocurrido y como era de esperarse ya se comenzaba a filtrar la información de lo ocurrido en la Iglesia, pero no como se creía, tal vez por el respeto que se le tenia a la Institución Eclesiástica, pero fue rodando poco a poco, poco a poco...

El alcalde sabia de la fuerza electoral que le podía traer el estar congraciado con la Iglesia y de lo nocivo de ganarse la antipatía de sus feligreses en caso contrario, así que instruyo a su mujer e hijas a no hacer comentarios que pudieran afectar sus aspiraciones políticas, pero; una de sus criadas...

Rafaela se seguía viendo con su enamorado bajo un árbol de corazón en el Cerro Rovira, lugar desde donde se podía ver todo el pueblo de Guayama y a sus habitantes como diminutas hormigas caminar de un sitio a otro. Además de una vista espectacular de toda la costa, desde Salinas hasta el pueblo de Arroyo. El Mar Caribe y su contraste entre azul y verdoso hacia la costa y un azul intenso hacia la lejanía, creaban un hermoso fondo

Se podían ver las centrales azucareras de Aguirre en Salinas, Machete de Guayama y Lafayette de Arroyo echando grandes torrentes de humo.  Frente a su vista se veían a los cortadores de caña de la Central Machete que a machetazo limpio afeitaban su bien amada y azucarada tierra, el Puerto de Jobos, quedaba hacia su derecha y un poco más allá la laguna de las mareas.  Y ante aquel bello y fastuoso espectáculo terrenal, Juan Carlos y Rafaela se juraban amor eterno.

-¿Qué te pasa Rafaela te noto rara hoy?- pregunto extrañado él.  Sin embargo, ella no quería contestar, mas el insistía, tomándole su rostro por la barbilla y sonriéndole pero con un dejo de preocupación. -¿Qué te ocurre, dímelo te lo suplico?- Rafaela solo lloraba y pensaba en lo infeliz que sería si las hijas del alcalde formaran un escándalo por la situación embarazosa.  Por un segundo paso un pensamiento por la mente de Juan Carlos y hasta se asusto de pensar en ello.

Sagaz y astuto como era  prefirió no preguntar y dejar las cosas así no fuera que la contestación de Rafaela no le agradara en el momento. Mmmmmm... Cavilaba en su mente, ¿será que Rafaela está embarazada y le da pena y preocupación decírmelo? Ya ellos llevaban siete meses de compartir y verse allí mismo y sin falta dos veces por semana. Rafaela tal vez por no sentirse a la altura de tan elegante caballero y por ser ella una mujer muy humilde, sin la elegancia pomposa a la que estaban acostumbrados los europeos acepto de buena gana estos encuentros furtivos.  Sin embargo ella llevaba consigo una promesa de Juan Carlos, una promesa que le honraba a ella como mujer. - Tú vas a ser mi esposa y la madre de mis hijos, te lo juro, no hay mujer como tú y una vez halla concluido un acuerdo de cinco años que hice con mi tío, nos vamos a Córcega,-  Aquello le había prometido Juan Carlos, pero temía que un embarazo le fuera a dañar sus planes.  Así que por no adelantar una contestación en ese sentido prefirió dejar las cosas así.  Rafaela estaba abrazada a él y entonces este para cambiar un poco las cosas decidió comenzar una conversación.

-Sabes, nunca te he hecho algunas de mis chistes o situaciones que me pasan a diario según visito las Haciendas, los ingenios azucareros y los puertos de la zona, y sé que vas a reír en cantidad- le decía para tranquilizarla, pero más que a nadie, a sí mismo.

Mira este chiste; le pregunta el monaguillo curioso al cura maestro:

-Señor maestro, ¿por que Jesucristo cuando resucito, se lo dijo primero a las mujeres?
-Pues para que se enterara pronto todo el mundo hijo.-

-Que terrible eres- le decia Rafaela, mientras reia.

Escucha este otro.

Esta Jesucristo dando un sermón a sus discípulos y dice:
-Quien este libre de pecado que tire la primera piedra.
En esto sale una mujer entre el público y le tira una piedra a la cabeza a Jesús.
A lo que el responde:
-Por favor mama! porque siempre me tienes que estar estropeando los sermones!

- Ay nó, no me hagas chistes de mi señor, respetamelo- refunfuño ella.

-Bueno, bueno pues escucha este otro, resulta que ayer llegó tarde Nicasio al corte de caña y tú sabes que este es el mejor abrecalles (machetero) de la central Machete y con el cuentan siempre ya que es el que establece el ritmo de los demás cortadores.-  A las 5:00 de la madrugada cuando se pasa lista y llamaron a Nicasio, parece que alguien grito por el, ¡PRESENTE! el capataz que ya se conoce bastante bien el tono de voz de los 200 macheteros, se hizo el tonto por un momento.  Tú sabes que dicen que Nicasio se ve bien de madrugada con una de las hijas del alcalde (Rafaela paró la oreja y rápido se le fue su malestar pues ella no sabia ese detalle) y para que no lo vieran llegar tarde, rápido se monto en yegua, o sea entre dos cortes de caña para no ser visto por el capataz y así decir que estaba desde temprano trabajando por su lado abriendo camino.  Pero Juan Meléndez el capataz se metió con su corcel por entre medio de las cañas vio la treta y le grito a aquel mulato en el momento que cogían su descanso.  -Nicasio, ¿por qué llega tarde otra vez?, ya le tengo sentenciao unas vacaciones, esta es la tercera vez de la semana.-

-Pildone don Juan Meléndez, pero jestoy tiniendo problemas con la espalda- diciéndole esto Nicasio, frente a sus demás compañeros macheteros que tomándose un café, seguían con sus oídos bien de cerca el regaño.

 

-¿Y que demonios tiene usté, la tiene enferma?- le pregunto el capataz -No siñor, lo que paja ej que no se me quiere despegal del petate (cama). Soltando una carcajada todos los macheteros y yo también, ya que acompañe al capataz y estaba allí en asuntos de negocios.

Rafaela se rió de la ocurrencia de Nicasio, ya que era un mulato muy querido en el pueblo de Guayama y todos le conocían.  Cuando pasó el Huracán San Ciriaco, Nicasio fue de esos seres que lo dejaron todo por ayudar a los demás. Aunque quedo sin casa estuvo ayudando a todo aquel que lo necesitara solo por un pedazo de pan.  De hecho la Iglesia perdió su cúpula en el huracán y él fue de los obreros que se prestaron para repararla.

Juan Carlos se dedicó toda la tarde a hacerle historias a Rafaela de su país y de lo bello que era, además a hablarle muy bien de Puerto Rico pues estaba fascinado con esta otra isla.

Una semana mas tarde para finales de febrero de 1904,  Rafaela se encontró nuevamente con Juan Carlos y esta vez fue directa y sin lágrimas en los ojos. - Juan Carlos, estoy embarazada, ya voy para tres meses-

¡!... ¿Coooo, cómo dices?, por favor dímelo nuevamente, sorprendido le contesto, pero no preocupado sino, por el impacto de la sorpresa.

-Como te dije, estoy embarazada- le volvió a contestar Rafaela

Lo sabia, lo sabia, lo sabia... se dijo en sus adentros, haciendo un esfuerzo por ocultar lo que consideraba una buena noticia, pero a destiempo, este no era el momento.  Mientras ponía su mano sobre la frente y cerraba los ojos.  Ohhhh... madre y ahora... Aquel era un rudo golpe que lo dejaba seriamente impactado, aunque ya el suponía que podía ocurrir.   De hecho ya él tenia un plan que pensaba poner a correr inmediatamente, entonces apretó sus dientes, respiro hondo y abrazo a Rafaela.

Esta bien mi amor, no te preocupes esto ya lo tengo resuelto y gracias por hacerme tan dichoso y feliz.  Si no me ves tan emocionado ahora será porque tengo varios negocios corriendo ahora mismo pendientes de concretarse y esto altera un poco mis planes, pero tus eres primero, gracias mi amor-  Mientras la abrazaba y ahora ella se sentía mucho mas tranquila en sus brazos.

-¿Sabes qué mi amor?- Va a ser corso o corsa como yo, quiero que nazca en mi tierra como ya te había pedido antes.- Solo que por favor, te pido que esto sea un secreto no se lo digas ni a tu mejor amiga, si a caso a tu madre y hermanos ya que quiero que te acompañen ¿Te parece?-  ella con su rostro asintió y con un largo beso y abrazo quedaría todo acordado.

-¿Una sola cosa Juan Carlos, porque no nos casamos primero por lo civil?-

-¿No te molestaría que lo hiciéramos en Córcega, junto a mi madre y familia después de todo puedes llevar a tus hermanos si gustas?- Juan Carlos entre otras cosas, era el agente de viajes hacia Europa desde Arroyo hasta Coamo, y entre otras cosas pensadas estaba la de dejar los testigos lo mas alejados posible de sus planes, pues aquel embarazo a él no le convenia que se supiera.

Ella lo beso y con ello quedo confirmado y aceptado el trato.

Mientras se abrazaban, Juan Carlos tenía su rostro sombrío y tragó gordo.

El doble juego

Sin embargo, Juan Carlos, hacia unos tres meses que acababa de conocer a Elvira Porrata Doria, hija de Santiago Porrata acaudalado comerciante, y la cual era propietaria de vastos terrenos que habían sido puestos en sus manos por su padre como dote para cuando se fuera a casar. Don Santiago Porrata llevaba relaciones de negocio con Juan Carlos y a Don Santiago le caía muy bien el mismo, decía de este que era un hombre muy hábil y trabajador, que sabia hacer muchas cosas y todas bien hechas según el. Se propuso lograr que Juan Carlos se interesara en su hija y a la inversa a que su hija se interesara en él.

Ya Don Santiago, les había hecho unas cuantas citas a ambos en el propio hogar y le dijo a Juan Carlos -hijo, el día que te cases con mi hija, heredaras no solo mi fortuna, si pones a un lado tu apellido y tomas el mío como propio, tendrás el titulo de Marques.- Esto se lo propuso Don Santiago a Juan Carlos, ya que él no tenia herederos varones y se perdería dicho título inevitablemente.

Juan Carlos, estaba en una gran encrucijada, tenia que manejar aquello de una forma cuidadosa pues aunque enamorado perdidamente de Rafaela, había algo mas fuerte dentro de si que no podía controlar, ese algo eran sus ambiciones, lo cual era la verdadera razón por la que había viajado tan lejos y dejado su país.

Juan Carlos, deseaba llegar a Córcega para ofrecerle a su familia las comodidades que ellos, ni él habían tenido y allí de frente y al alcance de su mano estaba esa bendita oportunidad.

Juan Carlos, comenzó a verse con Elvira Porrata Doria y sin mucho amor, pero con unas cosas claras en mente, esa seria una muy buena decisión y decidió jugarse una carta con su destino.

Había una cosa que Juan Carlos no sabia y era que la esposa de Don Santiago Porrata Doria, Micaela García, era la hermana de Eugenio José García el padre de Rafaela, aquello eventualmente iba a traer cola...

Juan Carlos decidió entonces, por el asunto de su paternidad y por no afectar sus aspiraciones de casamiento con Elvira,  llevar a Rafaela y su familia a Córcega, mientras tanto él se las arreglaría con los Porrata Doria acá en Puerto Rico...

Córcega>

 

 

Fundación Educativa Héctor A. García